sábado, 8 de julio de 2017

El aliento al racismo desde los que viven adentro de sus jaulas.

El aliento al racismo desde los que viven adentro de sus jaulas.
(Apuntes sobre la representación de la "negritud" en el cine).
"El Nacimiento de una nación" (1915) Director: David Grifith.

Casi siempre se les niega el alma a los afroamericanos en el cine (occidental). El cine africano es para otro análisis. Pero en el cine hecho al oeste del eje de la tierra, vemos “lo negro” como ajeno, lejano y distante. Casi siempre a través de personajes limitados en su conocimiento y haraganes en su voluntad. Se nos ahoga con el relato de que las virtudes epistemológicas en ellos son anomalías, accidentes o caprichos del azar. La cámara los mira siempre en una tercera persona presuntamente objetiva pero que en verdad expone una meditación parcial. Somos espectadores antropólogos y no colegas de especie y emociones. Uno podría creer que este vicio racista de mentir, cuando se representa a los negros es una constante de los directores blancos, y si bien estadísticamente la mayoría de los directores blancos cuando filman a negros o sobre negros, siguen actualizando los mitos más perversos sobre esta comunidad, hay que aclarar también, que en esa construcción permanente de modelos semi-vacíos de sustancia espiritual, participan también directores afro-americanos. La cámara de los negros  no se atreve a filmar sin temor a la propia “negritud” (concepto creado por Aimé Cesar y Leopold Senghor). Ese temor quizás puede ser entendido como un mecanismo inconsciente de defensa histórico frente a los latigazos milenarios del hombre blanco.
“No se trata de criticar sino más bien de destacar” Nos dice Roberto Arlt en el libro con varios apuntes sobre cine “Notas sobre el cinematógrafo”, Ediciones Simurg 1997. (Nombre que simpáticamente hicieron coincidir con el título elegido por Robert Bresson para su texto). Por eso lo que diré sobre Moonlight es porque siempre hay regiones inexploradas en aquellas zonas de alto consenso, como el alcanzado por esta película. Como se coincide tanto en los argumentos que la exaltan, trabajaremos en los desechos de esas odas.
"Moonlight" (2016) Director: Barry Jenkins.
Si ha logrado tanto acuerdo en la crítica, a mi entender es, porque nada más políticamente correcto que celebrar una película de negros, dirigida por un negro, que encima supuestamente va a desarrollar la condición en la que vive dentro de su aldea un homosexual de su misma raza. Si esto que decía ser la propuesta del film, en cada invitación y publicidad, hubiera arañado la coherencia, sería uno más de los que se queda parado aplaudiendo. Pero yo veo una película dirigida por un negro que no corre ningún gran riesgo, que no incomoda o mejor dicho que es muy cómoda dentro de su supuesta rebeldía.
Esta película no está contada con la gramática comercial, pero lo que cuenta tiene el aroma de lo políticamente correcto, esa cueva donde a veces se refugia la derecha para no ser percibida. Esa cueva que tiene su entrada adornada del mejor cotillón progresista, lo que dificulta la codificación del engaño. Se auto-proclama profunda en su contenido y moderna en sus formas, pero no es más que otro stencil orgulloso de su neutralidad. Stencil en cuanto acto enunciativo y de denuncia insubordinado, pero inofensivo a la vez. En Moonlight se copiaran todos los clichés sobre los negros, ya vistos hasta la sobredosis en el cine, pero camuflados bajo la remera de la tolerancia. Que siempre revela más que de lo cree enmascarar. Caer en los clichés no es una deficiencia en sí misma. “Se puede partir de los clichés para derrotar a los clichés”, nos decía Deleuze. Pero en esta película el cliché no se atreve a levantar la mirada y se muestra vulgar, pero no es siquiera una vulgaridad en clave de acertijo sociológico o político, es un falso realismo que finge alcurnia formal. Por eso duele ver como se adultera a todo un segmento social, como ese lienzo es infiel a su objeto, como se sigue vendiendo una impostora versión de la conducta de los afroamericanos, y duele todavía más que sea firmada por un propio negro. En el canto al unísono de la crítica especializada escucharemos que lo que más se resalta de Moonlight es su virtuosismo técnico y brillo estético. Pero si uno se ve forzado a valorar una película solo por su belleza técnica, ese esfuerzo en el fondo se siente extraño, como sí nos faltara algo para hallarnos honestos en nuestro goce. No negamos la belleza visual y exaltamos tanto el trabajo fotográfico y actoral de la película, pero seguir presentando la técnica cinematográfica como un jeroglífico, que exige siglos de aprendizaje para ser interpretado, es fortalecer ideologías dominantes. Decir que la belleza puede depender de los medios técnicos empleados y el cómo fueron empleados, es una manera elegante de negar las herramientas de producción del cine a las clases más bajas. Que no solo sienten que esas herramientas son imposibles de alcanzar por su precio, sino también porque se les obliga a creer que las dificultades en la doma pueden ser eternas. Orson Wells decía que "la técnica de hacer cine se aprende en 2 o 3 horas". Y lo dijo uno de los directores más vanguardistas y sobre todo uno de los grandes pensadores e innovadores de la técnica cinematográfica.
Lo que nos perfora y se instala para siempre en nuestra memoria al ver una obra maestra pocas veces es por culpa de las formas. Las formas se transforman en huellas carnales cuando están acompañadas de un signo revolucionario que nos invade y abraza. Moonlight en cambio es una sucesión incesante de cosas que ya estamos cansados de ver sobre los negros hecha de una forma mejor.
Yendo a lo específico de su contenido, comienza con el tradicional maniquí de un negro joven; es decir, narcotraficante, manejando su auto escuchando rap,  dirigiéndose a presionar a sus súbditos pequeños vendedores, también negros. Al negro narcotraficante, el director le agregó obscenamente una de las caracterizaciones preferida de los yanquis para simplificar la idea de “el mal”; ser cubano. Que además de eso intenta reclutar a un niño para vender drogas. Un racismo que usa la matemática escolar más elemental, es decir aprender a sumar, para construir sus estereotipos:  La suma que hizo el director fue; negro+narcotraficante+seudo-pedófilo+reclutador de niños para la venta de drogas= Cubano. La madre del niño fuma la marihuana que vende este demonio negro. En el país donde mueren de a miles por el consumo y la venta de crack, el director elige en cambio  estigmatizar al cannabis. Negro malo y ahora negra mala, en la madre del niño que fuma en su presencia. En los años donde la policía asesina a negros como moscas, el director no hará una alusión ni por arriba a dicho problema. Como sí nada tuvieran que ver la pobreza, la marginación y el desprecio que sufre esta comunidad, con la violencia cotidiana que viven estos cuerpos a nivel externo e interno. No hay relación alguna nos dice literalmente entre la desigualdad y miseria que reina en su gente con las tragedias personales. Los negros pareciera que viven en una sociedad florecida de igualdad por lo tanto tienen toda la responsabilidad de su desdicha.
También se nos querrá tender una trampa moralista embarnizada de matrimonio igualitario. El niño negro que el negro adulto cubano por lo tanto malo quiere reclutar, de golpe crece y tiene tendencias homosexuales. Este hecho se nos presenta en la película como un acontecimiento en sí mismo, como una novedad de por sí, como si el personaje fuera el primer negro homosexual en la historia del mundo. Los negros en esta película al igual que en la mayoría de las producciones cinematográficas son todos malos y asesinos, pero ahora se les suma una pulsión xenófoba. Son asesinos, narcotraficantes, seudo pedófilos y ahora también homofóbicos, ya que sus compañeros negros hostigaran constantemente al protagonista en la escuela al enterarse de sus inclinaciones sexuales. La humillación será en un comienzo verbal hasta que le pegan entre varios en un recreo. Esta es quizás la más repugnante escena, ya que el personaje nunca se defenderá y se dejará pegar muy tranquilamente, como si el hecho de ser homosexual implicaría disfrutar ser maltratado. Pero la aberración no termina allí, el negro golpeado en un momento decide vengarse y le rompe una silla por la espalda a uno de sus agresores. Es decir, por un lado están los negros malos y homofóbicos y por el otro un negro homosexual que no se defiende y si reacciona pega a traición por la espalda. ¿Y dónde termina su mala madre negra que fuma marihuana? En una especie de psiquiátrico: los negros que fuman porro enloquecen, nos dice el director. Pero por suerte para Jenkins, no es el único ni el primero, dentro de su comunidad afroamericana, en alimentar desde adentro todos los prejuicios que la raza blanca tiene sobre ellos. Un director de fama mundial como Spike Lee hace rato que viene ayudando en la tarea de estigmatizar a los suyos. Su último largometraje “Chirac” (2015) nos muestra que los negros son tan bárbaros que asesinan una niña en un tiroteo entre bandas y se enorgullecen de eso. En el país con un ejército invasor y asesino de millones de niños en el mundo, que dentro de su territorio somete a la comunidad negra a las peores miserias y segregaciones, este director hará algunas referencias casi inofensivas a las políticas que crean y perpetúan la violencia en los barrios pobres afroamericanos, en este caso de Chicago. Lo central es concentrarse en demostrar que los negros son tan perversos que hasta asesinan niñas por placer. En vez de abordar el problema de la violencia entre los mismos negros de una forma más compleja y no tan retierada en su punto de vista político, siempre obeso del moralismo más trivial y ordinario. Nadie niega que existen hechos de esta gravedad, como niños que fallecen en un tiroteo entre mismos vecinos y colegas de miserias, pero no están nunca aislados de las determinaciones socio-económicas de su entorno, más aún cuando la propuesta de vida rige en la indigencia para gran parte de los afroamericanos en los EE.UU.
Los personajes de los negros como caricaturas patológicamente e innatamente malvadas, es una idea donde se juntan indirectamente dos cineastas negros supuestamente sensibles como Barry Jenkins y Spike Lee, con un director abiertamente racista como lo fue D.W Griffith (1875-1948). Que allá en el amanecer del cine no tenía ningún problema en realizar no solo absurdas representaciones actorales de los negros (negandose hasta utilizar negros reales y pintando con corcho a actores blancos), sino hasta una apología abierta sobre el ku kux klan en varias escenas de “El Nacimiento de una nación” (The Birth of Nation, 1915). Los negros de “Moonlight” y de “Chirac” están mejor actuados que en Griffith, pero ¿de qué sirve actuar bien en películas de mensajes declaradamente racistas o hechas por negros pero con a lo sumo algunas quejas cuasi-paternalistas? ¿Que elogio puede merecer la forma ante un contenido que promulga raras ideas viejas, sustento de los altares que alaban la sangre derramada y la eterna desigualdad en el reparto de todo tipo de capital, económico-cultural-simbólico?
La premiación de Moonlight con el Oscar a mejor película, demuestra que un director negro no puede acceder al prestigio y aprobación de la secta cinematográfica, sin tener que repetir los enunciados que impone la tabla de valores morales de la raza blanca a la hora de representar y determinar los circuitos existenciales de transito siempre reducidos para la comunidad afro. ¿Será que dentro de esa servidumbre de los artistas negros hay que buscar capas clandestinas y ocultas a la primer lectura del ojo? Nos sometemos al beneficio de la duda cuando vemos que la obra maestra por excelencia de toda la historia del cine afroamericano hecha por un afroamericano “Asesino de ovejas” (Killers of the sheep, 1979)  de Charles Burnett, estuvo décadas hundida en el olvido, y recién fue restaurada hace pocos años con ayuda financiera (paradójicamente o no) de un director blanco como Steven Soderbergh, realizador de películas como “Sex, lies and videotapes” (1989), “Traffic (2000)” “La gran estafa”, o de la reciente pero ya legendaria serie televisiva “The Knick”(2014). Donde en paralelo a la historia de un hospital en el sur blanco pobre de La Nueva York del 1900, vemos el extenso campo de rechazo que debe atravesar un cirujano negro para poder trabajar en ese lugar. A lo largo de la serie además de presenciar los avances quirúrgicos de la época, las negligencias y los milagros de la ciencia médica,  vemos como los negros sufren linchamientos en masa, como se les niega el acceso así sea a la peor salud de los blancos y como el personaje de “Edwards”, el negro cirujano que a pesar de la incesante subestimación que recibe de sus pares profesionales, revoluciona el lugar con sus conocimientos e inventos.

"The Knick" (2014) Director: Steven Soderbergh.
Volviendo a Burnett hay que decir que si “Asesino de ovejas” es una obra fundacional, es porque allí hay una congregación entre la búsqueda formal y un mensaje sublevado. Su riqueza no es solamente que la hizo un negro, sino lo que muestra y como muestra las injusticias que viven los negros, y como en el medio de esas injusticias, “sobrevive lo arcaico”, tal la descripción de Pasolini sobre el aura carismática que expresan las clases más sumergidas en la miseria. En esta película no hay ninguna mitología ni auto martirización,  tan solo busca hacernos reflexionar con fuerza sobre la excesiva niebla que somete el ser social de la comunidad afroamericana. En el aspecto formal la cámara usa un tiempo paciente para los detalles de la pobreza y ante los rostros de los negros, a los que veremos confundidos entre la resignación y la esperanza, que permanecen en la asperidad, coherentes visualmente con las condiciones materiales en las que viven. Nos recuerda que en ciertos temas resulta necesario una cámara que no se doblegue ante esa urgencia capitalista que exige duración efímera de los planos, más aún si es para reflejar situaciones de desigualdad que nos avergüenzan como especie. 
"Killer of the sheep" (1978) Director: Charles Burnett.
En el trabajo de Burnett vemos sin que se amplifique ni mistifique ninguna pasión, sin exagerar ni dramatizar ningún rasgo. No tuvo que reforzar con ninguna clase de cotillón el trabajo semi esclavo de los hermanos de la comunidad negra en un matadero ovino, por donde a veces transcurre la película. Hay símbolos y metáforas, dos elementos que por habito les niega el gobierno del arte a los negros y excluidos del mundo.  Esta vez “lo negro” no es algo que los corazones más progresistas se animan a aceptar como diferente, como “minorías a no discriminar” e “incluir”. Acá lo negro nos seduce, nos enamora, nos hace sentir negros, queremos ser parte de ellos, no aliados. 
Se revierte el ángulo del punto de vista político, hay una ruptura en la escultura de los ídolos que la mirada blanca levantó para representar a los negros. 
“El arte negro lo miramos como si su razón de existir fuera el placer que nos da”. Es siempre un objeto de “Origen desconocido”, como se nos dice en el maravilloso documental de Alan Resnais y Cris Marker “Las estatuas también mueren” (Les statues meurent aussi, 1953).Entonces las películas, como las estatuas hechas por los negros, están obligadas a producir placer  y nada más que placer al público. Las artes hechas por negros no tienen el derecho a cuestionar, al juego de entre líneas, de lo no figurativo, de lo abstracto, de lo surreal y obsceno, lo onírico y poético, lo moderno y en crisis con la narrativa más tradicional, a los los jump-cut, las músicas raras, lo experimental y pop, o en su reverso, la revolución, la denuncia, la intervención y el acontecimiento, la acción militante concreta y la aprehensión del materialismo histórico, la dialéctica y el distanciamiento. No tienen derecho al estilo y las exploraciones estéticas. Si se les cede el permiso para dedicarse a algún tipo de arte el afortunado "de color" responde al guiño caritativo del blanco haciendo un arte "cuadrado", entendido en su significado más vulgar. Sus herramientas están condenadas a lo literal,  a lo sobre-representado (diría Burdieu) lo que no explica la esencia del problema, sino más bien el hecho de que esa literalidad desemboca en esas clásicas moralejas moralistas del cine más blanco y capitalista;"El que quiere puede". "Todo depende de vos". Esta textualidad no suele ser siquiera un acto de protesta.
Escultura africana en “Las estatuas también mueren” (Chris Marker y Alan Rasnais, 1953)
Nos deleitamos al afirmar con nuestros sentidos que existe un “mundo ajeno”. Nos aferramos a la creencia de que si existe gente así de mala es porque nosotros los civilizados somos así de buenos. La negación de civilidad para unos justifica la proclama de afirmar que tales otros son los bárbaros. “La anormalidad explica la normalidad”, nos decía Foucault.
Otra obra maestra sobre la cuestión de la negritud, es “Manderlay” (2005) del director Lars Vontrier. En dicho trabajo también realizado por un blanco, vemos a Grace, el mismo personaje de la hija de un poderoso magnate norteamericano de “Dogville” (2003) que decide frenar la caravana de distinguidos autos que acompaña a ella y su progenitor en las puertas de un pueblo. Luego de discutir con su padre, ella decide quedarse en este pequeño pueblo estadounidense ambientado en la década del 30. Descubrirá que son todos negros esclavizados por una anciana blanca, que es la emperadora del lugar. La joven se enfrentará a la señora recordándole que la esclavitud había sido abolida y declarada ilegal. Incitará a los negros del pueblo a que se alcen y abandonen su condición de esclavos, pero estos se oponen, argumentando que tienen toda una vida organizada en torno a los mandatos y obligaciones que les impuso la anciana. El principal esclavo, sirviente de la anciana, es interpretado por Danny Glover, y en una líneas de valiente filosofía, y de las mejores en la historia del cine a mi entender, increpará a la joven blanca y le dirá algo así;

-Siendo esclavos, sabemos que "La Señora" nos dará a una hora determinada un plato de comida.
Un esclavo come a las 8 de la noche ¿A qué hora come un hombre libre?-.

Manderlay (2005) Director; Lars Vontrier.
Quizás esta escena puede ser tomada como una metáfora de lo que les sucede a muchos directores de cine y artistas en general. Saben que haciendo cierto cine, que aborde cómodamente ciertas problemáticas, tendrán asegurada su comida a las 8. Y en la misma lógica de asegurarse en simultaneo el capital económico y simbólico también se mueven aquellos directores que juegan a la marginalidad.  Su supuesta libertad promueve una esclavitud pasteurizada, pero esclavitud al fin de cuentas.
“Libre y esclavo son las dos categorías que tienen entidad, pero no así el esclavo-liberado”, nos dice Gilles deleuze en el “Abecedario” (1988).Al esclavo liberado la realidad no le hace lugar, no sabe interpretarlo, desborda las clasificaciones. Las cadenas que rompe si se libera son múltiples, no tan solo las visibles. Desde físicas y nutricionales hasta semióticas y alegóricas.


4 comentarios:

Unknown dijo...

Imprescindible seguir. Abrazo

Belén Tambella dijo...

Como siempre, brillante César. Creo que tu columna no solamente nos trae la pregunta, sino que es también una convocatoria a rescatar esos olvidos que mencionaste.
Considero además que, más allá de los clichés de los que no pueden deshacerse algunos cineastas, está bueno apreciar la estética y deleitarnos con la música, fotografía y desempeños actorales.Está bueno transitar esas instancias para no sólo contemplar sino para poner en práctica nuestra independencia y ejercer nuestro sentido crítico.
Gracias!!!!

Maria Luz Dominguez dijo...

Excelente análisis y reflexión. En estos últimos meses, en Antropología, hemos ido recorriendo la historia de "Lo Mismo y de lo Otro", (Foucault) partiendo desde las categorías de SER y NO SER de Parménides, a las que podríamos equiparar a las foucaultianas antes mencionadas. Para concluir que en los tiempos que corren, de capitalismo salvaje, en donde según el Banco Mundial el 1% de la población posee el 35% de la riqueza, y el 7% el 50, el criterio para operar "el descarte" expeditivamente, sigue siendo el de la discriminación racial. Es "increíble" que el "Ensayo sobre la desigualdad de las razas" de Gobineau (1854)- donde "explica"las bondades de la raza blanca y las deficiencias de la negra- siga teniendo tanta vigencia, como bien lo revela tu análisis de la "negritud" en el cine.

Anónimo dijo...

¿Madre adicta a la marihuana? ¿Cubano seudo-pedófilo? Quisiste ver otra película(Moonlight) o no se entiende. Cuando recriminas al director, te olvidas de que esta basada en una obra de teatro semi-autobiográfica escrita por Tarell Alvin McCraney.