domingo, 12 de abril de 2020

Prólogo del libro "Eva Sueña. El vuelo de los gorriones".


*"Eva Sueña. El vuelo de los gorriones" es un libro de Martina Kaniuka,socióloga (UBA), gestora cultural y colaboradora en la Revista Sudestada. Eva Sueña... es su primer libro.

Prólogo de César González.

Eva es el poder de la contradicción. La dialéctica de la mugre. Escoba y basura en simultáneo. Quien la quiera pura busque en una iglesia o en un laboratorio. Eva es hija y madre de la calle. Allí donde lo impoluto no nace. Ella es una abrumadora fuerza material de lo simbólico. Un símbolo que toca y consuela a todo el cansancio almacenado por siglos en la espalda de las multitudes. Esa espalda erosionada, escareada, encorvada, elegida como rostro. La espalda de esos cuerpos de los que solo  interesa que el lomo resista la montadura. Una sociedad que cabalga arriba de esos pobres, de esos vagos culpables de todo lo que hay que gastar en seguridad. Eva, la bruja sagrada y secular. Virginal y ninfómana. Modelo de la sensualidad plebeya, ardiente representante de esa libido voraz que resiste ahí donde la sociedad no ve deseo ni deseados. Porque la sociedad tiene una doctrina que nos aclara que los pobres no desean y que a la vez nadie desea ser pobre, salvo para hacer una épica burguesa-aventurera del testimonio resiliente. Eva es estandarte bíblico y hereje. La Mefista del comandante Fausto Perón, a quién excito e incitó a traer algo de justicia a esos mares de humilladas y humillados. No es necesario ser un experto en su biografía para explicar algo irracional desde la germinación misma. Ella buscaba despersonalizarse afirmando su presencia. Caprichosa ninfa que se negó a aceptar la sombra macabra que domina la era humana. Sabía que sembrando su discurso en lo más profundo  del territorio de la política era un acto colectivo de por sí. Ella sola bien en lo alto del vértice hizo y hará más que mil agrupaciones horizontalistas. Su garganta gritó todos los silencios. Su pecho albergó todas las angustias, sus manos drenaron la impotencia. Tutora de su misma faceta de crápula. Justiciera del circo institucionalizado de los partidos políticos, aguafiestas de las orgías fariseas. Develó los trucos de los magos del comercio. No echó a los mercaderes del templo. Les confiscó en la cara la mercadería y se la repartió a los linyeras que rondaban por allí.
Quién busque pulcritud en Eva, confunde el ámbito. Ella nunca será una santa. Su nombre era beato y mitológico pero su conducta era pagana, iracunda, indomable.  Nunca trajo suerte como estampita, más bien sus milagros son los más probables de conseguir. Nombrarla es maleficio para el caretaje, para el progresismo cazador de perfección, pero es la curandera de los pobres, no porque los redima sino porque los desafía, los provoca. Fue una felina hambrienta en un nido de ratas.
No vino a sentir lástima por los pobres,  sino que les arrancó de cuajo la cobardía. La que les recuerda que las cuentas se las deben a ellos, que no hay peor fantasma que el de un pobre rebelado. Que no hay peor terror que el pobre que no inclina su tesón. Que no agradece la limosna. Que no pide permiso. Que se niega a rendir culto a la explotación. Que no celebra romperse el lomo mientras sus patrones son masajeados. Que no agasaja. Que no se conforma con las sobras. Que no teme a la cárcel. Que se sabe preso de ante mano y por eso sabe mejor como ser libre.
Lamentablemente apropiada por las banderas de la lentitud, cuando todo en ella era  ansiedad, urgencia,  desesperación por cambiar lo aberrante del presente.
Eva no es identidad ni mito. Es materialidad transformadora. Ella será lo que tu deseo quiere que sea. Así deja en evidencia que en lo que deseas también habla tu clase social, esa jaula abierta de la que nadie quiere escaparse.  Por eso un europeo no entiende a Eva Perón. Por eso un argentino europenoide no entiende a Eva Perón. Por eso mismo muchos peronistas prefieren la romantización de Eva Perón.  La intelectualizan, la interpretan, exploran su biografía en busca de pecados. Pero ella es quien es gracias a esos pecados. Pero solamente con sentirla tampoco alcanza. El fuego de Eva arde cuando la invocación es precisa y acorde con lo que ella profesó mientras anduvo en este plano; pisar la cabeza de los reyes, tanto de los que tienen un poder real como de esos que en su cabeza llevan una réplica de corona. 
Eva es una casa siempre dichosa de ser usurpada por vagabundos, parias, y expulsados del Edén. Es memoria que tiene vida propia. Y quienes la adoramos maldecimos al organismo humano. Porque a Eva su cuerpo la traicionó. Su cuerpo le tendió una trampa a su alma desbordada de amor.


Prólogo del libro "Vivir sin Justicia".


*El siguiente texto ha sido el prólogo del libro "Vivir sin justicia" de Mariana Sidoti Gigli. 

Prólogo de César González;
El título del libro no es un acierto del azar, porque sin justicia vive una gran parte de la sociedad, en particular esos sectores condenados a esperar afuera de los despachos donde se toman las decisiones y a ser simples espectadores en la circulación del capital, viviendo el día a día a través del mercado informal, de la precariedad laboral, de la limosna, de la rapiña y del ataque a la propiedad privada. Esos sectores no inventan las leyes y no pertenecen a la familia de jueces.
Para el periodismo medievalista los victimarios de los delitos contra la propiedad privada gozan de más derechos que las víctimas, es la canción que suena en un bucle permanente en la televisión y en internet. La ciudadanía está convencida de que el delincuente que es capturado y apresado accede a un paraíso de placeres, que es condecorado por lo que hizo, que es mimado por el poder judicial, que la pasan mejor adentro que afuera, esclavos privilegiados que cuentan con salarios en prisión que pagan los ciudadanos libres con sus impuestos. Pero en la realidad lo que hallamos es que casi no existe una cárcel en Argentina que no se encuentre en ruinas, que no rebalse insalubridad, que no esté contaminada, donde no abrume el hacinamiento, el hambre y distintas pestes. Efectivamente allá adentro los presos se pudren como ratas, tal como exigen los jurados tribuneros, pero el imaginario popular a la vez está convencido de la existencia de una enorme puerta giratoria, de un supuesto imperio del garantismo en el ámbito penal argentino, cuando lo único que está garantizado para una persona privada de su libertad es la tortura y el confinamiento en las miserias más bajas del género humano. El delito se paga con inmensos intereses en las continuas torturas hacia el cuerpo que reciben varias veces al día los presos y las presas y que las paredes de la cárcel ocultan de forma trasparente.
La relación de los pobres con la justicia parte del temor, saben que la justicia tarde o temprano les impondrá algún tipo de sanción o coerción por el solo hecho de pertenecer a dichos sectores. De las primeras cosas que las masas subproletarias aprenden en la vida es que al poder judicial no se lo tiene que mirar a los ojos, porque es la zarza desde dónde habla la verdad inmutable. La hegemonía cultural hizo muy bien su trabajo, roció de fábulas y mitos al sentido común, circula como verdad irrefutable que los derechos humanos son solo para los pibes chorros, cuando la verdad es que los únicos derechos que tienen garantizados los pibes de las barriadas es a la ausencia de oportunidades laborales, y a ser asesinados a causa de alguna situación relacionada con las armas en enfrentamientos, ejecuciones, ajustes de cuentas, etc.
En las villas y barrios populosos la posibilidad de la cárcel o de “chocarse” con un balazo policial es un faro en la organización de la vida diaria, es una parte fundamental de la cultura, la violencia para los habitantes no es vivida como ningún fenómeno extraordinario, es una extensión muscular del cuerpo. El conocimiento sobre el mundo carcelario y sobre los misterios de la marginalidad se adquieren sin que nadie los enseñe, se transmiten como por telepatía, uno va creciendo y poniéndose pillo de cómo es la cosa, se sabe que el poder judicial es un castillo del terror sin fantasía, acechando desde las alturas, un poder que necesita de pobres rebeldes a la cultura explotadora del trabajo semi esclavo para justificar su existencia. Y si no tienen delincuentes para encerrar los inventa, invierte para crearlos. La “inseguridad” paga salarios. El delito produce riqueza, como decía Marx.
El paisaje de los palacios de tribunales es un resumen de la lucha de clases; se divide entre los elegantes y relucientes trajes y vestidos de los y las ángeles guardianes del orden legal, arrogantes en su andar, soberbios y creyentes de poseer un poder divino. En el medio están los policías que custodian las oficinas de los ángeles y que protegen a estos de la ira de los que siempre estarán “del otro lado”; familiares de detenidos que van a averiguar o a reclamar algo sobre los estados de las causas de sus seres queridos. Familias de postura heroica, es conmovedor ver a esas madres con un semblante de guerreras milenarias que asumen la función de ser abogadas de sus hijos, porque si se quedaran a esperar lo que haga un defensor oficial pueden pasar siglos sin que reciban una novedad. Llegan a pelearse cara a cara con los jueces sin importarles las represalias resentidas que estos, inevitablemente, ejercerán. No importa el espesor de los muros que les pongan, ellas no agachan la cabeza y aunque muchas van debilitando su salud en el trayecto, no abandonan y a veces logran el milagro de robarle una pequeña victoria a ese perverso poder burgués.
No negamos que hay defensores oficiales sacrificados, abogados y abogadas comprometidas que trabajan incansablemente por defender a los y las nadies, pero en las estadísticas su éxito es insignificante frente a la cantidad de personas pobres que pierden la mayoría de los juicios en su contra. Es que las clases populares viven omnipresentes en el banquillo de los acusados. El poder judicial es la bestia más hábil para escurrirse de las responsabilidades, la bestia más rápida para escaparse de las “culpas”, a quien estamos obligados a agradecer y rendirle culto por el servicio que nos brindan. Vivir sin justicia es una metáfora pero hecha de hechos; para las clases más bajas la relación con el poder judicial es de presa y cazadores, es de miedo, de terror. Es el poder que solo con chasquear los dedos le garantiza la jaula a una clase social entera. En Argentina se postulan como baluartes del esquema democrático moderno jueces que tienen prontuarios más oscuros que la suma de todos los legajos que tutelan. Jueces que coleccionan un álbum con los rostros de los pibes de los barrios asignados como fábricas del mal y aun así, o por eso mismo pueden alcanzar un puesto en el trono de la corte suprema. Jueces salidos de una caricatura racista del lejano oeste son bendecidos con la potestad del pulgar romano. A esas bestias estamos obligados a entregar nuestra soberanía. El poder Judicial es el que dirige desde atrás del telón la guerra selectiva contra la juventud de las barriadas populares. Dicha guerra tiene bastante antigüedad, pero con sus matices, sus contradicciones y excentricidades culturales propias de cada región geográfica aún perdura en nuestra sociedad y se la puede observar con claridad en el ataque coordinado, permanente y sin feriados que hacen las fuerzas de seguridad, amparadas por el Poder Ejecutivo y respaldadas moralmente por el Poder Judicial, sobre las juventudes de las barriadas “populistas”.
En primera instancia son los jueces los que ordenan los allanamientos masivos y constantes, las represiones, los que caratulan enfrentamientos a las ejecuciones, los que le ponen la firma a la guerra selectiva.  Es la “guerra” que vino a reemplazar a la setentista, con muchas diferencias efectivamente, pero hoy como ayer se mantiene la teoría de los dos demonios, que ampara el exterminio de uno a casa del terrorismo de los otros. Perdura el laureado a las fuerzas de seguridad, por cumplir la función de ser los garantes de la matanza de los “malos”. Siguiendo esta hipótesis resulta revelador que en la jerga del hampa callejera se utilice el término “subversivo” como un halago entre los pibes chorros,  como un adjetivo-medalla  para quienes se animan a robar  “algo grande”, que se tirotean con la policía, que tienen un coraje fuera de serie. La figura del “pibe chorro” vino a reemplazar al guerrillero como fantasma de la sociedad; aniquilado el enemigo comunista (aunque no el mito) se creó uno nuevo. La propiedad del ejercicio del terror pasó a estar en manos de los jóvenes que empezaron a crecer en un nuevo diseño del reparto económico mundial. Los pibes chorros son los hijos perfectos del neoliberalismo, que toman las armas como la tomaron los hijos del iluminismo armado de los 70. Estos hijos del neoliberalismo vuelven a atacar la propiedad privada como aquellos hijos descarriados y desclasados de aquella época, pero en con una conciencia política distinta, con menos cantidad de armas y sin slogans revolucionarios.  A veces yendo a robar con armas sin balas, sin percutor, con armas de juguete, con caños envueltos en una remera, con el solo gesto de una mano que se mete en la cintura y simula poseer una pistola. La capacidad logística de los pibes chorros está completamente sobrevalorada o mejor dicho: directamente se miente sobre el tema. Los medios instalaron la leyenda de bandas de pibes súper armadas, pero en la realidad la mayoría de ellos sale a robar con armas muy precarias, o si se consigue una de mejor calidad se hace un uso socialista de la misma, se la comparte, se espera que vuelvan unos y salen los otros con el mismo fierro. Los pibes chorros no son una consecuencia no deseada e injusta del modelo neoliberal, son una creación completamente pensada y esculpida científicamente por dicho modelo desde su mismo origen. Cumplen una función indispensable, es una turba de proveedores para que se justifiquen las maquinarias del control social.
Este es un libro necesario, pero entendiendo la necesidad no desde el lugar típico, que rápidamente la asocia a una urgencia coyuntural del tema que desarrolla. Podríamos decir que la temática de este libro es actual y clásica a la vez, porque el problema de la juventud exterminada ya lleva largas décadas de existencia y hay mucho material bibliográfico y audiovisual circulando. Abundan las crónicas policiales, las excitadas mitologías del ladrón, las fascinantes aventuras del ego del cronista… Es coherente por lo tanto que a algunos de esos libros se los agrupe bajo el género bautizado como “crónica policial,” ya que no hacen más que arrancar confesiones, son cronistas buchones que le roban los secretos a los pibes y las pibas para el lucro personal, libros donde se cree estar combatiendo a la policía, pero que al fin de cuentas le ahorran el trabajo, indicándole respuestas que la policía ni se imaginaba sobre los enigmas del bosque marginal. Este libro en cambio tiene otro pulso para retratar lo que creíamos ya agotado, y esto se debe a que su autora cuenta con ese sustrato vital que se deja afectar por las injusticias y a partir de esa afectación nos devuelve una investigación seria y a la vez cálida. La autora no juzga a sus personajes ni los interpreta, tampoco nos propone una moraleja culposa, sino que  con una distancia justa nos presenta, siente y le duele lo que va escribiendo, lo que le van contando, es una cómplice de esa pena. Pone el foco en una biografía en particular, en otro aberrante caso de un homicidio a sangre fría de un joven pobre, y parte desde allí para desplegar un microscopio de la vida cotidiana de esos hijos e hijas del neoliberalismo. El libro se concentra en la crónica de un gatillo fácil, pero a la vez nos remarca como es la forma de amar y expresar la ternura de esos supuestos monstruos que son los pibes chorros. A partir de la historia de Omar iremos conociendo en carne viva las determinaciones materiales de las existencias de miles y miles de personas de las clases bajas, nos brindará la evidencia exacta de que la voluntad de un padre albañil o la incondicionalidad de las amistades o incluso tener la suerte de que una persona te ame, no alcanza para detener la determinación preexistente de una muerte joven para ciertos segmentos sociales. El “querer es poder” no es más que un leitmotiv idealista para perpetuar la pirámide económica, no es más que una perversa excusa para mantener el orden social vigente. Con valentía, pero con prolijidad y obsesión en la descripción, la autora desacralizará a muchas instituciones consideradas como un fin en sí mismas, destacándose en ese sentido el relato de cómo la escuela pública hizo con Omar lo que hace con muchos; cuando estos jóvenes manifiestan una potencia silvestre que desborda a las autoridades, la respuesta siempre es sancionar, expulsar, condenar y  muchas veces humillar en público al “pibe cachivache”. Los famosos equipos técnicos, bautizados con un nombre meritorio de analizar en otro momento, también presentan una evidente fatiga para entender a los “salvajes”. Siempre está a mano la derivación. Psicólogos, trabajadores sociales, funcionarios de diversas áreas del estado, cómodos desde su oficina se pasan la pelota entre ellos, exigen y someten a exámenes constantes a sujetos con vidas repletas de mierda. La autora nos muestra que en realidad no es que el sistema falla, sino que esto es el sistema, no hay ningún error, no hay malas personas en puestos que deberían ocupar buenas personas. Todos conocemos un abogado o abogada con sentimientos progresistas, pero sus esfuerzos son insignificantes y con toda su furia defensora de los pobres no lograran torcer un gramo de la balanza hacia el lado de las y los oprimidos. El sistema triunfa por sobre las voluntades individuales, por más hercúleas que estás sean.
La potencia de la bronca no puede ver más allá de la figura de la policía para explicar la injusticia, pero inconscientemente esto hace que se perpetúe el privilegio del poder judicial de mantenerse oculto y de operar desde las sombras. Por eso una de las grandes riquezas de este libro es relatarnos que en ese mundo de la calle, policías y pibes chorros comparten un lenguaje común, una misma estética de la existencia, regulada por la virilidad más ruda, por golpearse el pecho antes de salir a la cancha a ver quién es más macho, mientras los y las juezas se ríen desde el palco del coliseo, viendo cómo se despedazan  entre ellos los rivales de la misma plebe.
El libro nos transmite el dolor de las familias que no pueden permitirse el lujo del llanto porque hay que llenar la panza, y cada minuto llorando retrasa la búsqueda del sustento. Nos muestra que la caridad, el Estado y la militancia siempre llegan en diferido a las vidas de estos jóvenes, casi cuando el cuadro es irreversible. Que los centros de rehabilitación son un fracaso absoluto porque buscan que los pibes “cambien”, pero ellos, los y las profesionales de la reinserción, los y las administradores de esas granjas-laboratorio, exigen una pulcritud en la conducta de sus asistidos que ellos no tienen. Y lo más ridículo es que siguen adoptando esos métodos inquisidores levemente suavizados con convenciones y tratados, convencidos de que los pibes no se dan cuenta de la farsa. Pretenden pasteurizar la energía de esos pibes y pibas, secarles el aura. Esa juventud popular ama “tumbear”, los hace felices, pero eso que les da felicidad tienen que erradicarlo de su personalidad si pretenden ingresar en la sociedad y obtener algún derecho. Su frescura, su transparencia a la hora de inventar una jerga propia es una enfermedad a curar. No por accidente se utilizan los términos médicos: “recuperar”, “rehabilitar”, “regenerar”. Deben purificarse de sus virtudes, formatear su memoria de gestualidades, léxicos y chistes propios de su cultura.
El ritmo de la muerte no se detiene, la represión aumenta, los presupuestos para la estructura represiva se multiplican. En los barrios donde antes (al menos) existía el sueño insubordinado y romántico de robarse un blindado y lograr consumar el éxito de la huida a otra realidad que no sea de pobreza, hoy se sueña con ingresar como personal de alguna fuerza de seguridad, porque además de estabilidad laboral y salarial trae el premio y la palmadita en la espalda de la sociedad, que a muchos habitantes de las barriadas le produce sumisas lágrimas de emoción el solo imaginar como posibilidad. Estamos ante una guerra ya contratada, para ser el consorcio de una enorme porción del futuro próximo de las amplias multitudes de sectores desterrados del mercado.
Judith Butler en el epílogo al libro de Franz Fanon “Piel Negra, Mascaras Blancas”[1], dice que Fanon reunía, condensaba y valía por millones de negros; “Fanon no es un autor individual, es un movimiento, una gestación”. Un solo sujeto como aleph de una raza, o mejor como dicho como el aleph rebelde de una raza. Un negro que se atrevió a levantar la voz no solo contra la tiranía blanca sino más aún contra sus propios pares de raza, siempre dispuestos a agachar la cabeza. Algo parecido podemos decir del caso de Omar, su desgarradora historia, llena de señales del destino que lo acechaba, con una intención de progresar en la vida y siempre chocando contra las murallas de la sociedad, un pequeño pícaro, astuto y delicado, representa y sintetiza a la perfección la personalidad de miles de jóvenes de nuestro país y nos arroja ante la pregunta de ¿Qué hacer con estos pibes y su potencia delictiva? Como pedirles que ellos “cambien” cuando nada en la sociedad cambia para bien, donde todo es cada vez más horroroso. ¿Qué hacer con estos pibes si cuando se llega a querer intervenir siempre es demasiado tarde?




[1] Franz Fanon,”Piel Negra, máscaras blancas”, Akal, 2009.  Título original; “Peau noire, masques blancs”. Editorial. Seuil 1952.

sábado, 28 de septiembre de 2019

La Venganza del cordero atado (Nueva edición)


Esta noche hay luna llena,
tendría que ser remedio santo.
Pero acá abajo todo está muy raro
las miradas van bloqueadas, desteñidas, agitadas
reflejadas en espejos de colores muertos,
nauseabundos pero con la guardia en alto.
De repente me descuelgan
seres que van cantando melodías
enchufadas a parlantes sin lenguaje penal.
Personajes que no dependen de siniestros signos
de oscuros síntomas, de opacas aspiraciones.
Cantan:
que ficciones son los planteos.
Enseñan:
¡Que hundido estoy en un sueño irreal!
les grito:
¡Cansado voy de comprar pinchados salvavidas
que flotan cuando no hay mar!
Un viento poseído, endemoniado por la vida
sale a la caza
de la luna llena.




Atenas (trailer)

Sinopsis; ¿Puede la voluntad aplastar toda sospecha antropológica? ¿Puede el solo deseo inventarse un camino? ¿Es posible fugarse del sótano del mundo? ¿Deja el hombre a la mujer soñar? ¿No es una pesadilla si además de mujer naciste pobre y recién salís de la cárcel? ELENCO: Debora González, Nazarena Moreno, Verónica Fernández, Sabrina Moreno, Marcelo Chavez, Mariano Alarcón, Nadia Rodríguez, Nazarena Moreno, Alan Garvey, Nazareno Alderete, Elías Zacovich,Adriel Zacovich, Mauro Avellaneda, Leonardo González, Claudio Lobertini, Clara Fortín, Mariano del Río, Guillermo Romano, Patricio Montesano, Esteban Rodriguez (El As), Lucas Garribia (Fili Wey), entre muchos otrxs.

Lluvia de Jaulas (Trailer)


Sinopsis:
Barrios populares que son cárceles a cielo abierto, que la sociedad estampa en la frente de sus
habitantes para poder aislarlos. Barrios donde la belleza coquetea con la violencia. Un reino de
jóvenes veteranos del plomo, un jardín de flores amputadas que crecen con muletas.

Guion, dirección, edición ; César González.
Elenco: Alan Garvey, Sabrina Moreno, Elías Zacovich, Adriel Zacovich, Brenda
Giangiacomo, Joel Páez, Esteban Abdeneve, Nicole Martínez, Joel Aguiar, Claudio Lobertini, Saúl
Peña, Gonzalo Lorenzo, Lautaro Rojas, Nazareno Alderete, Leonardo Garay, Kevin Valdéz,
Genoveva Moreno, Nazarena Moreno. Patricio Montesano. Vecinas y vecinos de la Villa
Carlos Gardel.

Música Original; Julio Rodríguez, Diego García, Javier Sandoval, César González.
Sonido Directo: Silvio Lescano, Alan Garvey, Facundo Castillo.
Diseño gráfico; Darío Zarate.
Traducción; Valeria Wald.
Producción; César González, Patricio Montesano, Camila José Donoso, Pablo Codino, Lucía Rodríguez, Familia Bilinkis.

Realizada de forma independiente. 2019.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Calorimetría

Dos amigos en el centro de una canchita de barro
separados por diez metros
con una bolsa de poxirran cada uno
con una cantidad similar en cada bolsa
observándose mutuamente desde ángulos aberrantes
soplando a una frecuencia parecida.

Vimos a la luna hablarnos
se nos acercó,
nos murmuró unas palabras con eco eterno,
un eco perfumado de sueños.

Quedamos paralizados
respirando mezcla de terror
con paz inter-galáctica...
La luna se acercó aún más para sonreírnos
y luego se diluyó entre las paredes de los monoblocks.

Nos miramos con mi amigo Yoyo (ya muerto)
de 1 año más chico
y lo comprendimos sin requerir del idioma
habíamos compartido una idéntica experiencia sensorial
habitando dos cuerpos diferentes.

Gracias al poxirran
teníamos nuestro júbilo
yuxtapuesto al subdesarrollo.
Gracias al poxirran
fuimos bautizados por la luna.

Agradezco,
que existan entre las mercancías (aunque sea a pesar suyo)
formas de sacudir nuestra somnolienta apertura perceptiva.
Alucinar por la potencia de un pegamento de zapatos
en plena malaria económica
rodeado de un barrio agitado.

La malaria arrojó a más personas
al desamparo de la calle.
La vida era más comunitaria
había más público en las esquinas
porque había menos trabajo.

Y nadie soportaba estar adentro de esas casas porcinas
quedarse allí adentro era perderse la posibilidad
de pescar alguna dádiva
de la precaria y puberta delincuencia
héroes del infierno que nos suministraban
la ración indispensable de proteínas.

Colifas


Volverse loco es un viaje de ida
y encima en ese tren van todos apretados.
Hasta hoy creía que los locos eran perfectos
que no tenían errores
que con su locura descifraban el todo
pero me equivoqué
el loco tiene un error
ese error es el orgullo
el loco está orgulloso de estar loco
por eso se adueñó del mundo.

¿Y adonde metió el loco a los coherentes,
a los sanos, a los confiables?
En el loquero, los metió en el loquero.

Pronóstico reservado.

Escupo.
No sé si dolor, no sé si verdad.
Escupo.
Quizás truenos, quizás poesía.
Relámpagos, alumbran relámpagos.
El aire se espesa, la tierra se humedece.

Se presiente la lluvia, el ataque de las gotas.
El cielo tiene ganas de escupir:
Quizás su dolor, quizás su verdad,
quizás construye con truenos su mejor poesía.

Empezó
a
llover.

Ahora el agua perfora los detalles
el rebaño se esconde
le teme a la lluvia
porque le hace recordar a la naturaleza
y la naturaleza es un fantasma.

Llueve
más
fuerte.

El ejército de las gotas acribilla el asfalto
manosea transeúntes y
se fuga por las alcantarillas.

¡Llegó el viento!
¡Acariciando a los arboles!
¡Penetrando a la lluvia!

De repente
se deja atrapar por los edificios.

¿No te da pena la soledad del viento?

Ciudad Panóptica

El escenario es un colectivo
se respira fracaso y transpiración
no hay peor cárcel que la mirada del otro.

Miran por la ventanilla
pero sus ojos no viajan.
Desean ser otra cosa
pero algo les divierte la serialización.

Llego a mi destino y me bajo.
Me espera una reunión de
intelectuales de turno.

Sus ideas agarraron un piquete
a mi los piqueteros me dejaron pasar.
Antes que ahogarme decido marcharme.

Vuelvo al lugar donde mejor me refugio
busco esa cueva donde nadie me encuentre.
Ahí, donde puedo ser.
Ahí, donde no obedezco.
En la soledad, mi ambiguo consuelo.

las veredas sufren por
esa multitud que se queja de la lluvia
porque moja su ropa nueva
porque los retrasa en el trabajo.

Aunque el mundo es mas grande de lo que dicen
percibo que nos achicaron el tiempo...

PLAZA DOMINGO A LA TARDE

Cuerpos raros llenan los abismos de la plaza
Niños como adornos del egoísmo.
Desde mi ventana gritan;
¡Que tranquilo se vive sin piedad!

La calesita no para de toser,
cooperativa de juegos, casino de sonrisas.
¡Corren! ¡Al menos sienten el cuerpo!

Ratas prolijas y exhaustas dominan la plaza,
símbolos y confusión,
de a ratos vida.

La atmósfera en la plaza suda
hay una rara impaciencia,
el payaso se esfuerza en vender globos
y no en regalar sonrisas.

Pero a pesar de todo, los niños.
Ellos nos reviven, exhuman lo enterrado.
Convencen a dios de no destruir al mundo.
No tienen la enfermedad de ser adulto.

LA VENGANZA DEL CORDERO ATADO

Esta noche hay luna llena,
tendría que ser remedio santo.
Pero acá abajo todo está muy raro,
las miradas van bloqueadas, desteñidas, agitadas,
en espejos de colores,
hechizados y con la guardia en alto.

De repente me descuelgan
seres que van cantando melodías
enchufadas a parlantes sin lenguaje penal.

Personajes que no dependen de siniestros signos
de oscuros síntomas, de opacas aspiraciones.
Cantan que ficciones son los planteos,
enseñan:
¡Que hundido estoy en un sueño irreal!
les grito:
¡Cansado voy de comprar pinchados salvavidas
que flotan cuando no hay mar!

Un viento poseído, endemoniado por la vida
sale a la caza
de la luna llena.

martes, 12 de diciembre de 2017

Virtual actualidad.

No se iluminaron mis láminas lamiendo laureles
corté cables para cabalgar sin cábalas
no hallé ninguna llave en las axilas de las galaxias
no logré volar con las alas de los mitos

mis ojos se volvieron lija
reclamé otoños
los nietos que repiten los ancianos reclamos
me preñaron de fríos infiernos

mendigos de miel tras el ocaso
la corteza se deshace sin aullidos
ideas sin filo ni alfiles
coraje colgado de un alfiler

explicaciones lógicas de la logia
obedeces o mueres
con exceso hay que agradecer
un día vivo en medio de esto

de ellos la mina
de nosotros la extracción

de todos el cáncer.


martes, 24 de octubre de 2017

Poesía en la salida.

Poesía es intuir lo desconocido                                                    
y  desconfiar de los conocidos
arrancar las flores del paraíso
descreer del lenguaje
negarse a su tiranía

Poesía es reírse de los poetas
de sus barbas locas
y sus monumentales vestimentas

a los poetas sacerdotes
hay que invadirles sus bautismos
robarle  el agua bendita de sus misas
y dársela a los perros

poesía es el sonido del horizonte, si
pero también tener el hígado de acero
una semana incesante de locura
un mes que se niega a dormir.

No es catarsis, ni desahogo.
No es un tratamiento.
Es creación simultánea a la destrucción.

Síntoma más que remedio.
Revancha de las manchas
venganza de los corderos.

Ser astronauta sin siglo 20
recorrer el infinito sin moverse
no pedir perdón a nada
ni a la naturaleza

sino más bien jugar con ella
a sus juegos preferidos
lluvia para embarrarse
frío para pedir cariño.

Rimbaud fue mejor poeta cuando dejó
de escribir.
La poesía es del cuerpo.
y del inodoro que lo continúa.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Exomologesis.

E​XOMOLOGESIS. Escrita y dirigida por César González. 
Realizada de forma independiente. Buenos Aires Argentina 2017.

Elenco; Alan Garvey, Sofía Gala, Juan Minujín,
Patricio Montesano, Mariano del Río, Javier Omezzoli, Guillermo Romano, Ricardo Artipini, Tino Vera, Gustavo Pardi, Victoria Lagos, 
Nadia Rodríguez, Alberto Valente, Jorge Sandoval, Manuel Cabral, entre otrxs. 

Guion; César González.
Fotografía y Cámara; César González. 
Montaje: César González. 
Sonido; Joel Paez​, César González​, Marín Kouto, Manu Cabral.
Producción; Facundo Castillo-Martín Kouto, Joel Aguiar, 
Dionisio Denis, Sabrina Moreno, Familia Bilinkis.

​Genero; Ficción
Duración; 105 minutos.

SINOPSIS
​Aventureros construyeron 
una nave inmobiliaria
antropología de los decorados
personajes conceptuales de piel lijosa
gladiadores del vaso de agua 
que no tiene sed.


​

​NOTAS sobre ​la​ película; http://anarquiacoronada.blogspot.com....

http://ciudadclinamen.blogspot.com.ar...

​http://www.agenciapacourondo.com.ar/c...


http://notas.org.ar/2016/11/16/foucau...

sábado, 8 de julio de 2017

El aliento al racismo desde los que viven adentro de sus jaulas.

El aliento al racismo desde los que viven adentro de sus jaulas.
(Apuntes sobre la representación de la "negritud" en el cine).
"El Nacimiento de una nación" (1915) Director: David Grifith.

Casi siempre se les niega el alma a los afroamericanos en el cine (occidental). El cine africano es para otro análisis. Pero en el cine hecho al oeste del eje de la tierra, vemos “lo negro” como ajeno, lejano y distante. Casi siempre a través de personajes limitados en su conocimiento y haraganes en su voluntad. Se nos ahoga con el relato de que las virtudes epistemológicas en ellos son anomalías, accidentes o caprichos del azar. La cámara los mira en una tercera persona presuntamente objetiva pero que en verdad expone una meditación parcial. Somos espectadores antropólogos y no colegas de especie y emociones. Uno podría creer que este vicio racista de mentir, cuando se representa a los negros es una constante de los directores blancos, y si bien estadísticamente la mayoría de los directores blancos cuando filman a negros o sobre negros, siguen actualizando los mitos más perversos sobre esta comunidad, hay que aclarar también, que en esa construcción permanente de modelos semi-vacíos de sustancia espiritual, participan también directores afro-americanos. La cámara de los negros  no se atreve a filmar sin temor a la propia “negritud” (concepto creado por Aimé Cesar y Leopold Senghor). Ese temor quizás puede ser entendido como un mecanismo inconsciente de defensa histórico frente a los latigazos milenarios del hombre blanco.
“No se trata de criticar sino más bien de destacar” Nos dice Roberto Arlt en el libro con varios apuntes sobre cine “Notas sobre el cinematógrafo”, Ediciones Simurg 1997. (Nombre que simpáticamente hicieron coincidir con el título elegido por Robert Bresson para su texto). Por eso lo que diré sobre Moonlight es porque siempre hay regiones inexploradas en aquellas zonas de alto consenso, como el alcanzado por esta película. Como se coincide tanto en los argumentos que la exaltan, trabajaremos en los desechos de esas odas.
"Moonlight" (2016) Director: Barry Jenkins.
Si ha logrado tanto acuerdo en la crítica, a mi entender es, porque nada más políticamente correcto que celebrar una película de negros, dirigida por un negro, que encima supuestamente va a desarrollar la condición en la que vive dentro de su aldea un homosexual de su misma raza. Si esto que decía ser la propuesta del film, en cada invitación y publicidad, hubiera arañado la coherencia, sería uno más de los que se queda parado aplaudiendo. Pero yo veo una película dirigida por un negro que no corre ningún gran riesgo, que no incomoda o mejor dicho que es muy cómoda dentro de su supuesta rebeldía.
Esta película no está contada con la gramática comercial, pero lo que cuenta tiene el aroma de lo políticamente correcto, esa cueva donde a veces se refugia la derecha para no ser percibida. Esa cueva que tiene su entrada adornada del mejor cotillón progresista, lo que dificulta la codificación del engaño. Se auto-proclama profunda en su contenido y moderna en sus formas, pero no es más que otro stencil orgulloso de su neutralidad. Stencil en cuanto acto enunciativo y de denuncia insubordinado, pero inofensivo a la vez. En Moonlight se copiaran todos los clichés sobre los negros, ya vistos hasta la sobredosis en el cine, pero camuflados bajo la remera de la tolerancia. Que siempre revela más que de lo cree enmascarar. Caer en los clichés no es una deficiencia en sí misma. “Se puede partir de los clichés para derrotar a los clichés”, nos decía Deleuze. Pero en esta película el cliché no se atreve a levantar la mirada y se muestra vulgar, pero no es siquiera una vulgaridad en clave de acertijo sociológico o político, es un falso realismo que finge alcurnia formal. Por eso duele ver como se adultera a todo un segmento social, como ese lienzo es infiel a su objeto, como se sigue vendiendo una impostora versión de la conducta de los afroamericanos, y duele todavía más que sea firmada por un propio negro. En el canto al unísono de la crítica especializada escucharemos que lo que más se resalta de Moonlight es su virtuosismo técnico y brillo estético. Pero si uno se ve forzado a valorar una película solo por su belleza técnica, ese esfuerzo en el fondo se siente extraño, como sí nos faltara algo para hallarnos honestos en nuestro goce. No negamos la belleza visual y exaltamos tanto el trabajo fotográfico y actoral de la película, pero seguir presentando la técnica cinematográfica como un jeroglífico, que exige siglos de aprendizaje para ser interpretado, es fortalecer ideologías dominantes. Decir que la belleza puede depender de los medios técnicos empleados y el cómo fueron empleados, es una manera elegante de negar las herramientas de producción del cine a las clases más bajas. Que no solo sienten que esas herramientas son imposibles de alcanzar por su precio, sino también porque se les obliga a creer que las dificultades en la doma pueden ser eternas. Orson Wells decía que "la técnica de hacer cine se aprende en 2 o 3 horas". Y lo dijo uno de los directores más vanguardistas y sobre todo uno de los grandes pensadores e innovadores de la técnica cinematográfica.
Lo que nos perfora y se instala para siempre en nuestra memoria al ver una obra maestra pocas veces es por culpa de las formas. Las formas se transforman en huellas carnales cuando están acompañadas de un signo revolucionario que nos invade y abraza. Moonlight en cambio es una sucesión incesante de cosas que ya estamos cansados de ver sobre los negros hecha de una forma mejor.
Yendo a lo específico de su contenido, comienza con el tradicional maniquí de un negro joven; es decir, narcotraficante, manejando su auto escuchando rap,  dirigiéndose a presionar a sus súbditos pequeños vendedores, también negros. Al negro narcotraficante, el director le agregó obscenamente una de las caracterizaciones preferida de los yanquis para simplificar la idea de “el mal”; ser cubano. Que además de eso intenta reclutar a un niño para vender drogas. Un racismo que usa la matemática escolar más elemental, es decir aprender a sumar, para construir sus estereotipos:  La suma que hizo el director fue; negro+narcotraficante+seudo-pedófilo+reclutador de niños para la venta de drogas= Cubano. La madre del niño fuma la marihuana que vende este demonio negro. En el país donde mueren de a miles por el consumo y la venta de crack, el director elige en cambio  estigmatizar al cannabis. Negro malo y ahora negra mala, en la madre del niño que fuma en su presencia. En los años donde la policía asesina a negros como moscas, el director no hará una alusión ni por arriba a dicho problema. Como sí nada tuvieran que ver la pobreza, la marginación y el desprecio que sufre esta comunidad, con la violencia cotidiana que viven estos cuerpos a nivel externo e interno. No hay relación alguna nos dice literalmente entre la desigualdad y miseria que reina en su gente con las tragedias personales. Los negros pareciera que viven en una sociedad florecida de igualdad por lo tanto tienen toda la responsabilidad de su desdicha.
También se nos querrá tender una trampa moralista embarnizada de matrimonio igualitario. El niño negro que el negro adulto cubano por lo tanto malo quiere reclutar, de golpe crece y tiene tendencias homosexuales. Este hecho se nos presenta en la película como un acontecimiento en sí mismo, como una novedad de por sí, como si el personaje fuera el primer negro homosexual en la historia del mundo. Los negros en esta película al igual que en la mayoría de las producciones cinematográficas son todos malos y asesinos, pero ahora se les suma una pulsión xenófoba. Son asesinos, narcotraficantes, seudo pedófilos y ahora también homofóbicos, ya que sus compañeros negros hostigaran constantemente al protagonista en la escuela al enterarse de sus inclinaciones sexuales. La humillación será en un comienzo verbal hasta que le pegan entre varios en un recreo. Esta es quizás la más repugnante escena, ya que el personaje nunca se defenderá y se dejará pegar muy tranquilamente, como si el hecho de ser homosexual implicaría disfrutar ser maltratado. Pero la aberración no termina allí, el negro golpeado en un momento decide vengarse y le rompe una silla por la espalda a uno de sus agresores. Es decir, por un lado están los negros malos y homofóbicos y por el otro un negro homosexual que no se defiende y si reacciona pega a traición por la espalda. ¿Y dónde termina su mala madre negra que fuma marihuana? En una especie de psiquiátrico: los negros que fuman porro enloquecen, nos dice el director. Pero por suerte para Jenkins, no es el único ni el primero, dentro de su comunidad afroamericana, en alimentar desde adentro todos los prejuicios que la raza blanca tiene sobre ellos. Un director de fama mundial como Spike Lee hace rato que viene ayudando en la tarea de estigmatizar a los suyos. Su último largometraje “Chirac” (2015) nos muestra que los negros son tan bárbaros que asesinan una niña en un tiroteo entre bandas y se enorgullecen de eso. En el país con un ejército invasor y asesino de millones de niños en el mundo, que dentro de su territorio somete a la comunidad negra a las peores miserias y segregaciones, este director hará algunas referencias casi inofensivas a las políticas que crean y perpetúan la violencia en los barrios pobres afroamericanos, en este caso de Chicago. Lo central es concentrarse en demostrar que los negros son tan perversos que hasta asesinan niñas por placer. En vez de abordar el problema de la violencia entre los mismos negros de una forma más compleja y no tan retierada en su punto de vista político, siempre obeso del moralismo más trivial y ordinario. Nadie niega que existen hechos de esta gravedad, como niños que fallecen en un tiroteo entre mismos vecinos y colegas de miserias, pero no están nunca aislados de las determinaciones socio-económicas de su entorno, más aún cuando la propuesta de vida rige en la indigencia para gran parte de los afroamericanos en los EE.UU.
Los personajes de los negros como caricaturas patológicamente e innatamente malvadas, es una idea donde se juntan indirectamente dos cineastas negros supuestamente sensibles como Barry Jenkins y Spike Lee, con un director abiertamente racista como lo fue D.W Griffith (1875-1948). Que allá en el amanecer del cine no tenía ningún problema en realizar no solo absurdas representaciones actorales de los negros (negandose hasta utilizar negros reales y pintando con corcho a actores blancos), sino hasta una apología abierta sobre el ku kux klan en varias escenas de “El Nacimiento de una nación” (The Birth of Nation, 1915). Los negros de “Moonlight” y de “Chirac” están mejor actuados que en Griffith, pero ¿de qué sirve actuar bien en películas de mensajes declaradamente racistas o hechas por negros pero con a lo sumo algunas quejas cuasi-paternalistas? ¿Que elogio puede merecer la forma ante un contenido que promulga raras ideas viejas, sustento de los altares que alaban la sangre derramada y la eterna desigualdad en el reparto de todo tipo de capital, económico-cultural-simbólico?
La premiación de Moonlight con el Oscar a mejor película, demuestra que un director negro no puede acceder al prestigio y aprobación de la secta cinematográfica, sin tener que repetir los enunciados que impone la tabla de valores morales de la raza blanca a la hora de representar y determinar los circuitos existenciales de transito siempre reducidos para la comunidad afro. ¿Será que dentro de esa servidumbre de los artistas negros hay que buscar capas clandestinas y ocultas a la primer lectura del ojo? Nos sometemos al beneficio de la duda cuando vemos que la obra maestra por excelencia de toda la historia del cine afroamericano hecha por un afroamericano “Asesino de ovejas” (Killers of the sheep, 1979)  de Charles Burnett, estuvo décadas hundida en el olvido, y recién fue restaurada hace pocos años con ayuda financiera (paradójicamente o no) de un director blanco como Steven Soderbergh, realizador de películas como “Sex, lies and videotapes” (1989), “Traffic (2000)” “La gran estafa”, o de la reciente pero ya legendaria serie televisiva “The Knick”(2014). Donde en paralelo a la historia de un hospital en el sur blanco pobre de La Nueva York del 1900, vemos el extenso campo de rechazo que debe atravesar un cirujano negro para poder trabajar en ese lugar. A lo largo de la serie además de presenciar los avances quirúrgicos de la época, las negligencias y los milagros de la ciencia médica,  vemos como los negros sufren linchamientos en masa, como se les niega el acceso así sea a la peor salud de los blancos y como el personaje de “Edwards”, el negro cirujano que a pesar de la incesante subestimación que recibe de sus pares profesionales, revoluciona el lugar con sus conocimientos e inventos.

"The Knick" (2014) Director: Steven Soderbergh.
Volviendo a Burnett hay que decir que si “Asesino de ovejas” es una obra fundacional, es porque allí hay una congregación entre la búsqueda formal y un mensaje sublevado. Su riqueza no es solamente que la hizo un negro, sino lo que muestra y como muestra las injusticias que viven los negros, y como en el medio de esas injusticias, “sobrevive lo arcaico”, tal la descripción de Pasolini sobre el aura carismática que expresan las clases más sumergidas en la miseria. En esta película no hay ninguna mitología ni auto martirización,  tan solo busca hacernos reflexionar con fuerza sobre la excesiva niebla que somete el ser social de la comunidad afroamericana. En el aspecto formal la cámara usa un tiempo paciente para los detalles de la pobreza y ante los rostros de los negros, a los que veremos confundidos entre la resignación y la esperanza, que permanecen en la asperidad, coherentes visualmente con las condiciones materiales en las que viven. Nos recuerda que en ciertos temas resulta necesario una cámara que no se doblegue ante esa urgencia capitalista que exige duración efímera de los planos, más aún si es para reflejar situaciones de desigualdad que nos avergüenzan como especie. 
"Killer of the sheep" (1978) Director: Charles Burnett.
En el trabajo de Burnett vemos sin que se amplifique ni mistifique ninguna pasión, sin exagerar ni dramatizar ningún rasgo. No tuvo que reforzar con ninguna clase de cotillón el trabajo semi esclavo de los hermanos de la comunidad negra en un matadero ovino, por donde a veces transcurre la película. Hay símbolos y metáforas, dos elementos que por habito les niega el gobierno del arte a los negros y excluidos del mundo.  Esta vez “lo negro” no es algo que los corazones más progresistas se animan a aceptar como diferente, como “minorías a no discriminar” e “incluir”. Acá lo negro nos seduce, nos enamora, nos hace sentir negros, queremos ser parte de ellos, no aliados. 
Se revierte el ángulo del punto de vista político, hay una ruptura en la escultura de los ídolos que la mirada blanca levantó para representar a los negros. 
“El arte negro lo miramos como si su razón de existir fuera el placer que nos da”. Es siempre un objeto de “Origen desconocido”, como se nos dice en el maravilloso documental de Alan Resnais y Cris Marker “Las estatuas también mueren” (Les statues meurent aussi, 1953).Entonces las películas, como las estatuas hechas por los negros, están obligadas a producir placer  y nada más que placer al público. Las artes hechas por negros no tienen el derecho a cuestionar, al juego de entre líneas, de lo no figurativo, de lo abstracto, de lo surreal y obsceno, lo onírico y poético, lo moderno y en crisis con la narrativa más tradicional, a los los jump-cut, las músicas raras, lo experimental y pop, o en su reverso, la revolución, la denuncia, la intervención y el acontecimiento, la acción militante concreta y la aprehensión del materialismo histórico, la dialéctica y el distanciamiento. No tienen derecho al estilo y las exploraciones estéticas. Si se les cede el permiso para dedicarse a algún tipo de arte el afortunado "de color" responde al guiño caritativo del blanco haciendo un arte "cuadrado", entendido en su significado más vulgar. Sus herramientas están condenadas a lo literal,  a lo sobre-representado (diría Burdieu) lo que no explica la esencia del problema, sino más bien el hecho de que esa literalidad desemboca en esas clásicas moralejas moralistas del cine más blanco y capitalista;"El que quiere puede". "Todo depende de vos". Esta textualidad no suele ser siquiera un acto de protesta.
Escultura africana en “Las estatuas también mueren” (Chris Marker y Alan Rasnais, 1953)
Nos deleitamos al afirmar con nuestros sentidos que existe un “mundo ajeno”. Nos aferramos a la creencia de que si existe gente así de mala es porque nosotros los civilizados somos así de buenos. La negación de civilidad para unos justifica la proclama de afirmar que tales otros son los bárbaros. “La anormalidad explica la normalidad”, nos decía Foucault.
Otra obra maestra sobre la cuestión de la negritud, es “Manderlay” (2005) del director Lars Vontrier. En dicho trabajo también realizado por un blanco, vemos a Grace, el mismo personaje de la hija de un poderoso magnate norteamericano de “Dogville” (2003) que decide frenar la caravana de distinguidos autos que acompaña a ella y su progenitor en las puertas de un pueblo. Luego de discutir con su padre, ella decide quedarse en este pequeño pueblo estadounidense ambientado en la década del 30. Descubrirá que son todos negros esclavizados por una anciana blanca, que es la emperadora del lugar. La joven se enfrentará a la señora recordándole que la esclavitud había sido abolida y declarada ilegal. Incitará a los negros del pueblo a que se alcen y abandonen su condición de esclavos, pero estos se oponen, argumentando que tienen toda una vida organizada en torno a los mandatos y obligaciones que les impuso la anciana. El principal esclavo, sirviente de la anciana, es interpretado por Danny Glover, y en una líneas de valiente filosofía, y de las mejores en la historia del cine a mi entender, increpará a la joven blanca y le dirá algo así;

-Siendo esclavos, sabemos que "La Señora" nos dará a una hora determinada un plato de comida.
Un esclavo come a las 8 de la noche ¿A qué hora come un hombre libre?-.

Manderlay (2005) Director; Lars Vontrier.
Quizás esta escena puede ser tomada como una metáfora de lo que les sucede a muchos directores de cine y artistas en general. Saben que haciendo cierto cine, que aborde cómodamente ciertas problemáticas, tendrán asegurada su comida a las 8. Y en la misma lógica de asegurarse en simultaneo el capital económico y simbólico también se mueven aquellos directores que juegan a la marginalidad.  Su supuesta libertad promueve una esclavitud pasteurizada, pero esclavitud al fin de cuentas.
“Libre y esclavo son las dos categorías que tienen entidad, pero no así el esclavo-liberado”, nos dice Gilles deleuze en el “Abecedario” (1988).Al esclavo liberado la realidad no le hace lugar, no sabe interpretarlo, desborda las clasificaciones. Las cadenas que rompe si se libera son múltiples, no tan solo las visibles. Desde físicas y nutricionales hasta semióticas y alegóricas.


miércoles, 26 de abril de 2017

Los alambres.

a la tierra nos arrojaron 
para construir el infierno
y entre las celdas más calurosas 
andan cuerpos sin mañana 
pero con el aura despierta

los presos saltan y juegan 
sin llorar por el encierro
la cárcel es el mecenas
que paga los interés de todas las deudas

un chiste macabro de quienes tienen
el corazón impotente de poesía

esos que organizan 
una pelea eterna entre los presos 
para disfrutar desde el palco 
la orgía del castigo.

lunes, 24 de abril de 2017

Vivir en estado de tragedia.

las villas son montañas de personas 
apretadas contra el silencio
y una mezcla 
de gritos inofensivos
de rabia muda

no puedo pensar ni escribir tan tranquilo
viviendo con la muerte al lado

el habito domina
nadie ya quiere llorar a los muertos
acá se agotan las reservas de lagrimas
al rato que naciste

aprendes a domar el estruendo
te acostumbras a estrechar la mano
que mañana estará fría

un basural de cicatrices
que se conforma con la piedad de los turistas
jardines públicos de la miseria
donde sorprende la escasez de locura

y persiste una voluntad de vivir
incoherente con los síntomas
el precio de la servidumbre
se disfraza de algarabía

se baila más y mejor
en la sedes de la plebe
donde la vida es agonía.


viernes, 27 de enero de 2017

Pisando, pensando, con pulso.

¿quién compone los ruidos de las maquinas?
¿quién esparce los aromas de la mecánica?
¿quién hace con los dedos líneas en el aire?
¿quién puede apretar con sus manos al tiempo?
¿quién sabe invocar al espíritu de la imagen?

¿quién sabe sincronizarse con la sonrisa
más sensual de la luna?
¿cuántos celebran ser contemporáneos
a bailes de asteroides?
¿quién sabe explotar sin dividirse
y no transpirar hierro fundido?

¿hay abismo o ley de gravedad en la muerte?
¿un jefe curioso en su crueldad
inventa los excesos y regula el albedrío?

por esas dudas mutilamos la eternidad
mientras sentados
y a nuestra espalda

esperan todos los milagros.

viernes, 20 de enero de 2017

La blancura

un negro siente en la órbita de su rostro
siempre la posibilidad de un balazo
percibe que hasta el viento lo rechaza
y la televisión dice que es su culpa
chantas de bolsillos cómodos
le dicen
al que se dobla la espalda por centavos
que no se atreva a quejarse
porque esa columna erosionada
es merecida y necesaria
y que esa espalda encima
tan doblada no está
aun puede doblarse más
y seguir creyendo en dioses inválidos
a la villa la observan sin descanso
unos ojos inmensos y enojados
se escuchan flemas impúdicas
que señalan lo que los negros deben hacer
comer, hablar y callar
como deben moverse y detenerse
desnudarse y vestirse
y el negro convencido
de su analfabetismo estético
deambula cabizbajo entre las calles
creyendo que es para estar contento
que hablen por su boca
la reflexión y la denuncia son un privilegio
de los blancos de mente
orgullosos de ser los administradores
de los sueños y sus interpretaciones
para los negros
entre tinieblas anónimas
transcurrirán sus hazañas.